La tecnología al servicio de cada persona, no al revés.
Casi todo se diseña para un promedio que no existe: el mismo contenido para treinta niños, el mismo criterio para cualquiera. Nosotros hacemos lo contrario. Empezamos por la educación, porque ahí empieza todo.
01 — Las apps
Nuestro ecosistema.
Un ecosistema educativo que acompaña al mismo niño mientras crece: de los primeros juegos por voz a leer solo, y de ahí a las asignaturas del colegio. En el camino, lo que cada uno necesite aparte: rutinas, pronunciación, lógica o un cuento antes de dormir. No son apps sueltas que comparten un logo: comparten criterio.
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Matibu
6 a 12 añosMatemáticas de 1º a 6º básico: 28 temas y 13 juegos, de contar hasta despejar la X.
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Cavila
6 a 12 añosAcertijos de lógica para pensar despacio y con calma.
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Silabu
4 a 7 añosAprender a leer en español, letra por letra y con la voz por delante.
En desarrollo Próximamente en Google Play -
Palabu
6 a 12 añosLenguaje: leer, escribir y entender lo que se lee.
En desarrollo Próximamente en Google Play -
Terrabu
6 a 12 añosCiencias naturales: el cuerpo, los seres vivos y el planeta.
En desarrollo Próximamente en Google Play -
Cronobu
6 a 12 añosHistoria: el tiempo, el mundo y tu país. Empieza por qué es el tiempo.
En desarrollo Próximamente en Google Play -
Lunabu
2 a 5 añosEstimulación temprana con juegos por voz y dibujos. Todavía no lee y ya aprende.
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Anticipa
TDAH y TEAAgenda visual de rutinas: qué toca ahora y qué viene después.
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Dilo Jugando
6 a 12 añosPronunciación, jugando: ocho juegos cortos y la voz se queda en el teléfono.
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Dormibu
2 a 8 añosCuentos para dormir, con el nombre del niño y una voz que baja el ritmo.
En desarrollo Próximamente en Google Play
02 — La tesis
Enseñamos casi igual que hace cien años. El mundo, no.
Treinta niños, el mismo contenido, el mismo ritmo, la misma prueba el mismo día. Ese formato nació cuando saber cosas era escaso y caro. Hoy la información sobra y lo que escasea es otra cosa, que nadie está enseñando a los seis años.
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Lo que está roto
Un solo ritmo para todos aburre al que va adelante y pierde al que va atrás. No es culpa de quien enseña: es un formato diseñado para que quepan treinta, no para que aprenda cada uno.
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Lo que se les viene
Quien hoy tiene seis años va a trabajar junto a máquinas que responden más rápido y saben más. Lo que lo va a distinguir no es cuánto memorizó: es si aprendió a preguntar bien, a dudar de una respuesta y a aprender solo.
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Lo que hacemos con eso
Construimos herramientas que se ajustan a cada niño en vez de exigirle que se ajuste él. La escuela es por dónde partimos, no dónde termina: a un adulto le entregan su examen médico con los mismos rangos que a cualquiera, y tampoco le dicen qué significa para él.
03 — De la idea a la pantalla
En qué se nota, cuando la abres.
Una tesis que no cambia el producto es una frase bonita. Estas cuatro decisiones son las que hacen que lo de arriba se note al minuto de uso, y las que sostenemos aunque cuesten usuarios.
Personalizar sin entregar al niño
Ajustarse a cada uno no exige mandar sus datos a ningún servidor. El nuestro decide dentro del teléfono y ahí se queda: no hay cuentas que crear ni servidores nuestros donde guardar nada.
Enseñar no es retener
Un sistema que optimiza el tiempo de pantalla no está enseñando. Acá el niño no compra nada: ni monedas, ni vidas, ni saltarse un paso. Las medallas y los premios se ganan solo aprendiendo.
Contenido pensado, no improvisado
Hoy generar material cuesta cero, y se nota a la segunda semana de uso. El nuestro sigue el currículum escolar y se revisa antes de entrar: no se inventa al vuelo mientras el niño juega.
Que llegue donde hace falta
Funciona entera en un teléfono viejo y sin señal. No es austeridad técnica: el niño que más lo necesita suele ser justamente el que no tiene datos ni el último modelo.